LeÃa hace unas semanas una noticia que decÃa “La policÃa danesa detiene a un hombre por acceder a los correos electrónicos de Michael Rasmussen” y seguÃa “La policÃa danesa ha arrestado en Herning, en el oeste de Dinamarca, a un danés de 30 años por introducirse en el correo electrónico del ciclista Michael Rasmussen e intentar vender a un periódico la información que obtuvo”.
Esta noticia me ha hecho reflexionar sobre la seguridad general del correo electrónico que transita por el mundo y el negocio lucrativo que algunas mentes enfermizas pueden obtener por el hecho de fisgar en el correo ajeno.
Nuestros equipos de trabajo han analizado en bastantes ocasiones la seguridad del correo electrónico desde la óptica, por ejemplo, de la Ley Orgánica de Protección de Datos y de las medidas de seguridad que el Reglamento nos exige. ¿Podemos enviar información de carácter personal por el correo electrónico? ¿Cumple el correo electrónico las medidas básicas de seguridad para proteger la información que contiene? ¿Cómo podemos hacer uso del correo electrónico como canal de comunicación seguro? Las respuestas no son desde luego triviales para el gran público.
Pero el foco del análisis ha sido siempre distinto. Nos hemos enfrentado a infraestructuras corporativas de correo electrónico con servidores de correo, a evitar que el correo sea interceptado dentro y fuera de las organizaciones y a garantizar unas medidas de protección para determinado tipo de información que viaja en nuestros sobres electrónicos, pero, al menos yo, no me habÃa planteado el interés que los correos electrónicos personales pueden llegar a tener en función de los dueños de las cuentas y, por tanto, la necesidad de que los que hospedan estas cuentas de correo ofrezcan a sus clientes servicios que garanticen la seguridad de sus comunicaciones.
Es evidente que para la comisión de un delito, como el citado en esta noticia, necesitamos un móvil, y en los últimos tiempos la transformación de la sociedad en este sentido está siendo asombrosa. Es fácil encontrar un móvil para la comisión de un delito cibernético. Tan fácil como hurgar en la vida privada de un famoso, que lo sea por el motivo que fuere, e intentar vender la información a medios periodÃsticos que viven precisamente de esto. ¡¡Es el colmo!!
Aparte de la importancia que puede tener la seguridad del correo profesional por la confidencialidad de la información con la que se trabaja, se pueden imaginar lo que podrÃamos encontrar en el correo personal de uno de esos famosos que aparecen todos los dÃas en la pequeña pantalla, o se pueden imaginar el contenido de la cuenta de correo de uno de los periodistas que se dedican a traficar con la vida ajena.
Mucho nos queda a los profesionales de la seguridad por delante para conseguir un mundo virtual seguro.
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