Cada vez más, tanto los particulares como las empresas realizan uso de las tecnologías inalámbricas en su infraestructura técnica. La posibilidad de tener conectividad entre dispositivos sin necesidad de cables permite un alto nivel de movilidad que resulta muy útil en determinadas circustancias.
No obstante, las tecnologías inalámbricas presentan algunos riesgos inherentes a su medio físico de transmisión, es decir, el aire, lo cual incorpora un factor de riesgo tanto en cuanto a eficiencia como a seguridad.
Evidentemente no podemos certificar “el aire” de nuestra oficina como lo hariamos con un cable de red para verificar la calidad de la conexión, pero este es un tema de eficiencia que quizá sea más conveniente tratar en otro artículo. Por el momento en este artículo nos vamos a referir al otro aspecto destacable de este tipo de redes, que es la seguridad.
Históricamente la tecnología Wifi (802.11) ha adolecido de diversos problemas de seguridad que han permitido a los intrusos entrar en nuestras redes inalámbricas, bien sea en nuestra red doméstica para obtener un acceso gratuito a Internet, bien sea a la red de nuestra empresa para obtener información sensible, y evadiendo de esta manera las restricciones de nuestro cortafuegos.
Una de las vulnerabilidades existentes en la tecnología Wifi es la posibilidad de suplantar puntos de acceso. Según el protocolo, varios puntos de accesos que presenten en mismo SSID corresponden a una misma red, por lo que cada dispositivo inalámbrico escoge de entre todos los puntos de acceso sobre los que tiene visibilidad el recibe con mayor potencia, lo cual a priori le permitirá disfrutar de una mejor calidad de señal.
Pero, ¿qué pasa si un intruso configura un punto de acceso falso con nuestro mismo SSID? Esto puede verse en el diagrama siguiente:
Efectivamente, si el intruso consigue que su señal llegue al destinatario del ataque con más potencia que alguno de los puntos de acceso reales, el equipo cambiará de punto de acceso (o se conectará al falso directamente sin pasar por el verdadero) y pasará a utilizar el falso, permitiendo de esta manera al intruso realizar todo tipo de ataques de Sniffing, Man-In-The-Middle y una gran variedad de otros ataques.
Una de las cosas que puede hacer es un ataque de DNS Spoofing (o suplantación de DNS), como se muestra en el diagrama adjunto.
Como podemos ver, con este tipo de ataques un intruso puede suplantar la identidad de cualquier máquina basándose en la resolución por DNS. Seguro que muchos de los lectores de este artículo estarán pensando que el ejemplo que muestro en el diagrama no sería posible puesto que la web de “mibanco” está protegida mediante conexión HTTPS, pero eso no es del todo exacto. Dejemos eso no obstante para un futuro artículo.
Retomando el título de este artículo, ¿por qué el título es “el cazador cazado”? Hasta el momento sólo estamos viendo cómo “un cazador” ataca a “sus presas” pero, ¿qué pasaría si la supuesta víctima inocente —aquel de cuyo Wifi se están aprovechando— resulta ser un “cazador” que tiene intenciones cuanto menos dudosas? Déjenme que me explique.
Imaginen que utilizando las mismas técnicas empleadas por los intrusos para realizar la suplantación, la víctima se monta su particular versión digital del “timo de la estampita”, simulando una red abierta o con cifrado débil que una persona pueda utilizar para conectarse a Internet o para observar qué tenemos dentro de la red. Por supuesto, en este caso no todo es lo que parece.
Cualquiera que entrara en dicha red aprovechando alguna de sus debilidades pasaría a ser víctima de un robo de información de la misma forma que se ha explicado que se realiza en los “Rogue AP”, pero con la particularidad de que en esta ocasión el papel de víctima se ve invertido, viendo el “espabilado” o “atacante” vulnerada su seguridad al intentar aprovechar o vulnerar este a su vez la seguridad —o falta de ella— de otra persona o empresa. Además, por supuesto, de que invertir los términos puede provocar en el “cazador cazado” una falsa sensación de seguridad.
Evidentemente, no es recomendable (ni legal) montar una “Honey-Wifi” en casa para cotillear el correo ni las cuentas de banco de los vecinos listillos que intenten abusar de nuestra red abierta o poco protegida, pero no todo el mundo tiene el mismo código ético ni le representa ningún problema tomar acciones ilegales.
¿Cuántos de ustedes han conectado alguna vez a una red inalámbrica abierta para la que no estaban autorizados? Probablemente muchos, si no la gran mayoría. Este artículo pretende alertar sobre los riesgos que puede tener para la propia seguridad este tipo de prácticas.
Cuidado con las redes inalámbricas abiertas y con las estampitas con la cara del príncipe, que no todo el mundo que parece tonto lo es en realidad.
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