Mi hermano está en Alemania con una beca Erasmus, y hace unas semanas, aprovechando una visita de unos días, me pidió que le instalase Linux en su portátil HP que había comprado un par de meses antes, ya que lo necesitaba para hacer el proyecto. La idea pues era instalar un Linux y dejarlo preparado en dos días; no tenía mucho más tiempo. Dejemos claro antes de nada que cuando empezó, lo que mi hermano sabía de Linux y nada era casi lo mismo; lo que ha aprendido lo ha hecho a partir de algunos tutoriales y unos cuantos correos míos en plan de “para hacer esto, teclea tal cosa”, o “fíjate en el log este, que te pondrá tal cosa que te puede servir de ayuda”. Les advierto que esta entrada tiene poca relación con la seguridad en sí, pero es un tema que en el trabajo sale a menudo.
Soy usuario de Linux desde 1996 aproximadamente, a nivel administrador. He utilizado Slackware y Debian básicamente. La última Gentoo que me instalé, después de pasarme una semana compilándola enterita y configurándola para que funcionase correctamente en mi portátil Samsung X05 la borré sin ni siquiera utilizarla, y a día de hoy éste no tiene Linux instalado básicamente porque no lo necesito para nada y no me gusta perder el tiempo sin razón alguna. He montado RAIDs por software, he compilado kernels con configuraciones de hardware bastante extrañas, he configurado sistemas para actúar de balanceadores de carga, y he hecho las suficientes cosas para pensar que tengo un nivel de Linux avanzado. O tenía, porque he de admitir que, después de llevar algo más de dos años sin tocar un Linux, estoy algo oxidado. Pero creo que me llega para instalar una distribución de Linux.
Así que me puse a ello. Bajé el primer CD de Debian, lo grabé, lo metí en el portátil, y empezaron los problemas; un sábado y medio domingo después, aún estaba en ello y seguía sin conseguir nada, porque al parecer el kernel que llevaba la Etch no detectaba la tarjeta de red del portátil, entre otras muchas cosas. Decidí, en última instancia, bajar el kernel en otro equipo, quemarlo en un CD, compilarlo y esperar que funcionase. Afortunadamente tenía otro equipo —el mío—, algo que no tiene todo el mundo. Tras hacer todo eso descubrí que lo que no tenía en ese primer CD era el gcc (compilador), ni muchas otras cosas que eran necesarias. Culpa mía. Así que después de unas cuantas horas de perder el tiempo y pegarme con Etch, decidí que no podía perder más tiempo bajando más CDs y/o DVDs, y pensé en echarle un vistazo a Ubuntu. Tengo una buena conexión, pero no fibra óptica con el repositorio español de Debian para empezar a bajar DVDs.
Tuve suerte: Ubuntu es mucho más amigable (y esa es la razón de que esta entrada no sea realmente dura). Detectó al instante la tarjeta de red (o, si quieren, “el kernel que lleva detectó…”), lo que permitió instalar el sistema operativo por red; incluso pude irme a tomar algo mientras se instalaba. Cuando llevas bastantes horas buscando alternativas y soluciones para que algo que te parece una tontería funcione, que algo tan simple sea posible te parece fabuloso. Lo cierto es que en un par de horas el sistema operativo estaba instalado y funcionando. Por desgracia, la configuración de la WLAN me llevó otro par de horas navegando por blogs y foros, instalando unos cuantos paquetes y configurando algunas cosas con la línea de comandos, ya que al parecer el driver que debía funcionar no funcionaba. Tuve que bajar otro driver y un par de paquetes, compilarlos, instalarlos, y crear un pequeño script para /etc/init.d/ que se lanzase al arrancar; una trivialidad para cualquiera.
Después de eso, ningún problema… con la WLAN. Porque el resto, ni me puse a mirarlo. Simplemente bajé un 2.6 reciente y le sugerí a mi hermano que si quería que la webcam o que las teclas multimedia funcionasen, tenía dos opciones: a) utilizar el Windows Vista que tenía en la otra partición, y b) compilar el nuevo kernel. Claro que cuando me puse a decirle cómo compilar el kernel, para el “make menuconfig” o el “make xconfig” tuve que instalarle otra serie de paquetes que yo, por mi experiencia, sabía que había que instalar. A una persona familiarizada con la informática a nivel usuario, le habría llevado días saber qué había que instalar, si antes no desistía de ello.
Resumiendo: me llevó algo más de un fin de semana instalar un Linux en el portátil de mi hermano. Y sinceramente, yo no tengo ese fin de semana; me paso el día en la oficina y no tengo ganas de dedicar mi tiempo de ocio a pegarme con aplicaciones y sistemas poco amigables (aunque estén hechas con todo el amor del mundo) que requieren modificar unos cuantos ficheros de texto plano, conocer unos cuantos comandos nada básicos (lsmod o modprobe, por ejemplo), y tener mucho tiempo libre. El fin de semana quiero estar con mi pareja, quiero irme de fiesta, salir con los amigos o simplemente tumbarme en el sofá a ver como pasa el tiempo por el gotelé de la pared. Quizá antes sí, pero ahora, sentarme delante de un ordenador a configurar/instalar un sistema operativo no es mi idea de diversión. Claro que no todo el mundo es de la misma opinión, y los respeto.
Así que, aunque Linux sea mucho más seguro que Windows, cosa que no dudo, esto es lo que hay. Y con eso hemos de lidiar.
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