Implantar un Sistema de Gestión de Seguridad de la información se está convirtiendo cada vez más en un objetivo para los departamentos TIC de las empresas. Los que nos dedicamos a hacer consultoría para la implantación de esos SGSI vamos poco a poco viendo que los problemas que nos encontramos en un cliente se repiten, al menos parcialmente, en el siguiente, y que los clientes asumen erróneamente afirmaciones para nada ciertas lo que hace que cuando se tropiezan con la realidad, haya alguna sorpresa.
Plantearé hoy tres de los errores más comunes asumidos por algunas de las empresas que deciden implantar un SGSI:
‘CONTRATO A UNA CONSULTORA Y ELLOS LO HACEN TODO’
Esta suposición no es válida en la implantación de ningún Sistema de Gestión, pero menos si cabe en un SGSI. Como en cualquier proyecto de similares características, es imprescindible la colaboración de muchos miembros de la plantilla de la empresa para arrancar y llevar a buen puerto el diseño y la implantación de un Sistema de Gestión que trata de protegerla información crítica para el negocio, ya que hay muchos departamentos y perfiles que trabajan a diario con esa información que se busca proteger; al fin y al cabo, son ellos los que mejor conocen la organización. Por ello, para que la empresa consultora pueda hacer un buen análisis de riesgos va a requerir colaboración por parte del cliente para identificar los riesgos, analizarlos y valorarlos, seleccionar las opciones para su tratamiento, y para implantar el plan de tratamiento de riesgos con el que se pretende mitigar el nivel de riesgo detectado. Tampoco hay que dejar de lado que la organización ya dispondrá en muchas ocasiones de controles de seguridad que en ocasiones serán suficientes, y en otras será necesario ampliar.
Si bien los consultores deben invertir muchas horas en darle forma el sistema, la organización debe invertir bastantes horas en proporcionarles la información que necesitan para hacer un buen diseño y en ejecutar las tareas que se identifiquen como necesarias para llevar a cabo su implantación. Hay casos en los que también se contrata a la consultora externa la implantación de los controles seleccionados pero suelen ser los menos, así que en la mayoría de los casos es la organización la que debe ir implantando la lista de controles seleccionados y no implantados inicialmente. Esta lista puede ser muy corta pero también muy larga, depende de la situación de partida de la organización desde el punto de vista de la seguridad.
Sin embargo, antes de pasar al siguiente error, tampoco es bueno pecar de pesimista: no hay que olvidar que la implantación de un SGSI en ocasiones (no siempre) no es otra cosa que la documentación y procedimentación de controles, tareas, rutinas, formas de trabajar que la organización ya conoce, en definitiva, la formalización de un sistema de gestión con el que hace tiempo que “se siente a gusto”. Dicho de otra forma, y aunque les parezca obvio, el trabajo que tendrá que abordar la empresa en el momento de la implantación del SGSI será inversamente proporcional al trabajo que hasta ese momento haya realizado en la gestión de su seguridad. En ocasiones ese esfuerzo será significativo, y en otras, más bien poco.
‘ESTE PROYECTO SÓLO CONCIERNE AL ÁREA TIC’
Otro gran y común error. Ya que como hemos comentado, se trata de proteger la información crítica para el negocio, en el proyecto se deben ver involucradas personas de muchas áreas: Departamento TIC (por su puesto) pero también RR.HH, Departamento financiero, Departamento legal, Departamento de Marketing y todos aquellos que trabajan con esa información crítica para el negocio que se va a proteger. Todos deben ser conscientes de qué papel juegan ellos en el SGSI implantado, cómo de crítica es para el negocio la información con la que trabajan a diario y de qué modo debe cambiar su forma de manejarla para garantizar que se encuentra debidamente protegida. Por supuesto, se les debe preguntar, explicar y escuchar, antes de decidir los controles que se van a implantar y que les va a afectar, ya que de lo contrario se corre el riesgo de que perciban las nuevas normativas o políticas que se van a definir en materia por ejemplo de contraseñas, control de acceso, destrucción de información, uso del correo electrónico, instalación de software, etc, como un mero capricho del área TIC a las que no encuentran ningún sentido y que simplemente perciben como muy engorrosas.
‘SE VAN LOS AUDITORES Y YA HEMOS TERMINADO’
Normalmente, cuando se van los auditores también se van los consultores externos y eso significa que la empresa se queda con su certificado y ’sola ante el peligro’; en unas organizaciones, eso supondrá que ha llegado la hora de la verdad: de comprobar cómo de bien planteado está el SGSI y de ver si es operativo. En otras, ese ‘peligro’ no será tal; la obtención del certificado no significará otra cosa que el premio y la aprobación externa de un sistema de gestión de la seguridad que la organización ya había asumido como propio, como ventajoso y positivo para su negocio antes siquiera de plantearse la obtención del sello de una entidad acreditada.
Obviamente, siempre será responsabilidad de los consultores haberse asegurado de que el SGSI diseñado, bien a partir de un sistema de gestión ya en funcionamiento, bien a partir de la nada, es adecuado para la empresa en la que se ha implantado. Eso significa que debe ser fácilmente operable, acorde al tamaño de la organización, de su presupuesto y de los recursos que se pueden asignar a su mantenimiento.
Muchas veces, cuando se parte de una organización casi ‘virgen’ en la gestión de la seguridad de la información, se puede pecar de querer diseñar un super-SGSI, sin tener en cuenta que tras el proceso de implantación, las personas que se han visto involucradas recuperan sus tareas diarias, y la prioridad del SGSI baja unos cuantos niveles respecto a estas otras tareas. Obviamente la existencia de un SGSI en una organización sin una gestión de la seguridad previa requerirá un esfuerzo: mantener al día su inventario de activos, hacer un seguimiento de las no conformidades, obtener los datos para medir la eficacia de los procesos, analizar la información que de ellos se desprende, mantener al día los documentos y registros, es decir, ejecutar todas las tareas que implica un SGSI. En cualquier caso, el reto de lograr un SGSI bien diseñado será lograr que, cuando no lo están ya, los procesos que conlleva se integren de manera lo más transparente posible en el funcionamiento de la organización. A veces, este es casi el punto de partida; en otros casos, la meta está un poco más lejana.
Con esta entrada no pretendo desanimar a nadie, ni mucho menos, sólo señalar aspectos obvios: que la implantación, y sobre todo el mantenimiento de un SGSI es una tarea continua, del día a día, en la que se deben involucrar a varias personas de la organización, se le debe dotar de los recursos y presupuesto necesario, y que debe contar con el apoyo de la alta dirección para tener garantizado su éxito. Nada, desde luego, diferente de lo que cualquiera podría esperar de un sistema de gestión, sea cual sea.











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