La semana pasada, en la Conferencia Europea sobre Investigación en Seguridad que José Rosell les comentaba ayer, tuvo lugar una interesante sesión paralela con el título Citizens Security Needs vs Citizens Integrity, el conocido debate sobre el balance entre la seguridad y la pérdida de libertad. Dos de los ponentes defienden la necesidad de introducir consideraciones éticas (léase privacidad, respeto a la intimidad y a las libertades) en los proyectos de investigación, desde el principio, y no como una cuestión a posteriori.
En el turno de preguntas, una persona en la audiencia hace una observación que merece ser registrada: la disyuntiva entre ética y seguridad no se puede plantear como un balance, ya que aunque es indiscutible que todos queremos, como mínimo, algo de seguridad, ¿quién es capaz de decir que quiere menos del 100% de ética?
Sin embargo, en la práctica, sí que renunciamos a parte de nuestra libertad por algo más de seguridad (en realidad, muchas veces es más bien teatro de la seguridad) y si no, pensemos en lo que nos toca hacer en los aeropuerto; como dijo otro de los ponentes, cuando se encuentra con el cinturón y los zapatos en la mano, sujetándose los pantalones, le da la impresión de que, de alguna manera, los terroristas han ganado una batalla.
Para mí, el asunto se puede plantear en los siguientes términos: ¿Es la disyuntiva entre seguridad y libertades un juego de suma cero? En otras palabras, ¿un aumento de nuestra seguridad significa necesariamente un recorte de nuestras libertades? Yo creo que así nos lo quieren hacer creer muchas veces, pero también opino que eso es una falacia. Y con la que se nos viene encima, vamos a tener que prestar mucha atención a este tema.

“Por favor, quítese cualquier libertad civil que le quede y deposítela en la bandeja”
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