Soy de la sincera opinión de que las entidades bancarias tienen un verdadero compromiso con la seguridad, tanto a nivel técnico, organizativo, físico, como en cualquier otro ámbito que quieran imaginarse, y tengo la certeza de que invierten una cantidad de dinero nada despreciable para mantenerse a la altura que les corresponde, teniendo en cuenta lo que gestionan y lo que se juegan. Como diría aquel, más les vale. Pero, y aquí llega el esperado pero, este tipo de organizaciones, que aparte de una matriz central tienen una nada despreciable cantidad de sucursales (unas más, otras menos), son el ejemplo paradigmático de lo complicado que resulta aplicar políticas realmente seguras —y justificadamente restrictivas— a entornos “distribuidos”, y asegurar que éstas se cumplen siempre.
Digamos que tengo un amigo. Y digamos que por circunstancias que no vienen al caso, ayer éste necesitaba disponer de una copia de la escritura de su hipoteca. Puesto que trabaja, vamos a suponer, en el centro de Valencia, y pensando en evitar el desplazamiento a su oficina, llamó a su sucursal y preguntó si le podían enviar dicha documentación por fax o correo electrónico. La persona que le atendió, después de escuchar el problema, le indicó que podía enviarla por valija interna a una oficina próxima a su trabajo; eso parecía una solución razonable en ese momento, así que tras verificar telefónicamente el nombre y DNI, quedaron en eso.

Twitter! 