Ley Nokia

Hace ya unos días apareció en prensa una noticia que me parece interesante comentar. El titular es bastante efectista: “Los jefes podrán controlar el correo electrónico de los empleados (…)».

La noticia recoge la aprobación en Finlandia de la conocida como “Ley Nokia», debido a que fue esta empresa la que desde hace un par de años ha estado presionando al gobierno finés para que se modificara la ley de protección de las comunicaciones electrónicas, y que así una empresa u organismo público pudiese investigar el uso que del correo electrónico hacen sus empleados. El revuelo consiguiente es comprensible, tanto en un sentido como en otro, y es fácil encontrar opiniones que justifican la medida y otras que piden el boicot a la marca y que nadie se vuelva a comprar un Nokia en su vida…

En este país tenemos ya alguna sentencia del Tribunal Supremo que ha unificado doctrina al respecto, y que por un lado reconoce el derecho a la privacidad del trabajador en el uso de los recursos corporativos que una empresa pone a disposición de sus empleados, y admite un uso privado “racional» de los mismos, como no podía ser de otra forma. ¿O es que no puede uno/a llamar a su pareja con el teléfono de la oficina? Lo que ya no está tan claro es que lo hagas si tu pareja está en Buenos Aires pasando unos días de vacaciones y te tires 40 minutos hablando… de ahí lo de “racional». Trasladen todo esto al uso del correo electrónico, el uso de Internet, el uso del PC que uno tiene asignado, etc.

Pero por otro lado, la sentencia reconoce el derecho del empleador, en consonancia con el artículo 20.3 del Estatuto de los Trabajadores, a controlar el uso que de dichos recursos hacen sus empleados, aunque con unas determinadas premisas:

  • Que el ejercicio de esa potestad de vigilancia se lleve a cabo respetando la dignidad del trabajador y su intimidad, teniendo en cuenta que se debe tolerar el uso personal racional y moderado de los recursos corporativos.
  • Que el empleador defina previamente las “reglas del juego»; es decir, qué se puede y qué no se puede hacer con ellos.
  • Que informe de las medidas y herramientas de control y auditoría que se van a utilizar.

Y es ahí donde normalmente, por mi experiencia, las empresas fallan. Muchas veces se han definido las reglas de uso de esos medios, y se han implantado herramientas de filtrado de contenidos, pero… ¿se ha informado de ello convenientemente a los empleados? Normalmente no. Como mucho, en algunos casos, esas normativas de uso, que raramente han sido aprobadas de manera formal por la dirección, que se han elaborado con la mejor de las intenciones desde el área TIC pero no se han consensuado con RRHH, y que están perdidas en algún apartado escondido de la intranet corporativa, nunca llegan a sus destinatarios (sólo en extraños casos en los que el empleado acaba aterrizando por allí y las lee, si es que está muy aburrido).

Sólo cuando detectan que se están produciendo más accesos a Facebook que a la intranet corporativa, o cuando el acceso a determinados sitios web ha propagado por la red corporativa algún tipo de malware es cuando se pone el grito en el cielo y se pretenden tomar medidas incluso disciplinarias, pudiendo incurrir en situaciones que, por no haber hecho las cosas bien, podrían provocar que —si me permiten la expresión— el tiro les acabe saliendo por la culata.

Como tantas otras cosas, es un tema cultural. Tiene que existir un acuerdo y un compromiso entre las partes (empleador y empleados) que contemple el uso personal de los recursos corporativos, pero que a la vez imponga ciertas condiciones a su uso. ¿Por qué no se incluye en el manual de acogida de los nuevos empleados esas normativas, como sí se hace por ejemplo con la normativa relacionada con Prevención de Riesgos Laborales?

La motivación de Nokia como empresa impulsando la aprobación de esa modificación legal en Finlandia no es poder cotillear el correo de sus empleados para “marujear», sino que responde a haber sufrido varios presuntos casos de espionaje industrial aparentemente relacionados con la fuga de información confidencial a través del correo electrónico (y además, la modificación legal no permite acceder al contenido de los correos, sino tan solo a su remitente, destinatarios, tipo y tamaño de los ficheros anexados).

Porque no nos engañemos, que todos hemos sido cocineros antes que frailes. ¿O es que nadie se ha llevado alguna vez, digamos… “documentación de trabajo» de alguna empresa en la que trabajó? Lo que entronca con el uso de los dispositivos tipo USB, el acceso a los webmail, etc., pero eso ya sería tema para otro post.