Que las nuevas tecnologías han cambiado la forma de cometer delitos es algo claro para cualquiera que trabaje, directa o indirectamente, en el ámbito de la seguridad de la información, y también en muchos casos también para aquellos que no trabajan en este ámbito: ataques de phishing, clonaciones de tarjetas, robos de móviles o portátiles, uso ilegítimo de redes WiFi…
En el Convenio de Ciberdelincuencia del Consejo de Europa (2001) se tipifican cuatro grandes tipos de delitos tecnológicos que posteriormente se han complementado con la contemplación del racismo, xenofobia, amenazas, calumnias… realizados a través de sistemas informáticos. Estos cuatro tipos son los siguientes:
Delitos contra la confidencialidad, la integridad y la disponibilidad de los datos y sistemas informáticos.
Delitos informáticos (falsificación, fraude…).
Delitos relacionados con el contenido (como pornografía infantil).
Delitos relacionados con infracciones de la propiedad intelectual y derechos afines
