De firmas y garabatos afines

tarjeta.gifHace un par de días recibí una carta del banco donde tengo domiciliada la hipoteca, ofreciéndome un nuevo servicio. No sé que harán ustedes, pero les confieso que yo no suelo hacer mucho caso a estas ofertas. Bueno, en realidad, ni mucho ni poco; van directamente a la papelera, como virtualmente el resto de la publicidad que recibo. Sin embargo en este caso una cosa me llamó la atención: la firma del director al final de la carta. Sí, ya sé que esto es también habitual y no supone ninguna novedad, pero déjenme explicarles.

¿Saben ustedes lo que pone detrás de mi tarjeta de crédito, debajo de la banda magnética?

AUTHORIZED SIGNATURE · NOT VALID UNLESS SIGNED

Puede apostar a que pone algo parecido detrás de la suya. Al parecer, esa firma sirve para dos cosas. La primera, y más obvia, para que el vendedor pueda comprobar que la firma del recibo es la misma que la que hay detrás de la tarjeta de crédito (Quick steps to Visa Card acceptance: 6. Check the signature. Be sure that the signature on the card matches the one the transaction receipt. [usa.visa.com]). La segunda, según indica Museum of Hoaxes (no he podido localizar una fuente oficial), para indicar que estás de acuerdo con los términos de uso de la tarjeta. Respecto a esta última, tengo serias dudas, aunque luego se las cuento.


Vamos con la primera de las razones. Supongamos que haces caso a VISA, y firmas la tarjeta nada más recibirla, ya que de lo contrario, cualquiera podría robártela y firmarla él mismo, y absolutamente nada -si seguimos el procedimiento de VISA- demostraría que esa tarjeta es robada. Esa es toda la fuerza del procedimiento. Aún así, tenemos entonces que el medio utilizado para certificar que la tarjeta es efectivamente tuya consiste en comparar un garabato que hay en una estrecha banda detrás de la tarjeta con otro garabato que escribes a veces de pie, con prisas o en soportes físicos, digámoslo así, no demasiado estables. No parece demasiado fiable, ¿verdad?

Ahora supongamos que simplemente «pasas» y no firmas la tarjeta. ¿Han visto que alguien, alguna vez, en algún sitio, y a pesar del procedimiento establecido por VISA, verifique la firma «autorizada»? Con poco que hayan utilizado una tarjeta de crédito, conocerán la respuesta: pues no, claro que no. Es más, ¿se fiarían de un establecimiento que utilizase su firma como método de «autenticación»? Probablemente tampoco. Les aseguro que ni yo mismo reconocería mi propia firma en ocasiones. Como curiosidad, hace algún tiempo fuí a parar a esta página, donde el autor firma los recibos de la VISA con nombres tan variados como «X», «Mariah Carey», o un pequeño paisaje con monigote incluído. La imagen de la izquierda procede de allí. Según cuenta, nunca tuvo problema alguno para pagar. El caso es que no puedo asegurarles que firmar los recibos como si fuesen ustedes Isabel Pantoja vaya a funcionar -siempre que no sean ustedes Isabel Pantoja-, pero les aseguro que si al firmar el recibo de la gasolinera hacen un garabato ilegible, nadie pondrá en duda su autenticidad.

Respecto a la segunda razón que les decía, no dudo que sea cierta, y quizá me falla la memoria, pero en mi caso, creo recordar haber firmado un largo contrato en Times New Roman número 6, donde se explicitaban las condiciones de uso de la tarjeta de crédito, incluída una conveniente -y a veces molesta- renovación automática. De hecho, en otra de las tarjetas que poseo, también VISA, simplemente dice «FIRMA AUTORIZADA», sin mencionar nada sobre la posible validez de la tarjeta en ausencia de ésta. Bien, sea como esa, no deja de ser una formalidad, por lo que en realidad esto tampoco importa demasiado. VISA no tiene medio de saber que efectivamente usted, y no su hijo pequeño, ha firmado la tarjeta.

Imagino que ven dónde quiero llegar. Diariamente firmamos todo tipo de facturas y recibos; firmamos hipotecas, firmamos contratos de trabajo y firmamos autorizaciones médicas. Que la firma constituye un método de confianza, de consentimiento, de afirmación con algo en un determinado momento puntual, nadie lo pone en duda. Que en algunos casos muy concretos puede ser útil, tampoco. Que bajo un estudio concienzudo, con los correspondientes análisis detallados, se podría verificar la pertenencia de dos firmas a la misma persona, sí, probablemente sí, pero como parece obvio, esa no es la tarea de un dependiente.

Ahora piensen en Internet; aquí no cabe lugar para la firma «tradicional». Piensen en el director de banco que manda lo que es -o debería ser, si con ello se busca algún tipo de personalización- su firma autorizada a todos sus clientes en una carta. Y por último, piensen en la última vez que actualizaron su «firma autorizada», si es que recuerdan haber hecho algo así alguna vez. ¿Creen, a la vista de esos ejemplos, que este método constituye un método aceptable de autenticación personal? Personalmente, yo creo que no, y siendo coherente conmigo mismo, y si por algún casual se lo están preguntando, no, ninguna de mis tarjetas está firmada. Como les he dicho, ¿para qué?