Ciudades sociales

(Tras el siempre breve descanso vacacional retomamos la actividad de Security Art Work para darles la bienvenida a todos los que, como nosotros, se reincorporen hoy a la vida laboral y desearles felices vacaciones a los que se van ahora a disfrutar del merecido descanso. Veremos que nos depara este nuevo curso 2014-2015. Empezamos con una entrada a propósito de una empresa que se ha hecho muy popular este verano y en la que hemos tenido dudas para determinar el tiempo verbal.)

La empresa Gowex ha estado de actualidad estos meses pasados a raíz de un escándalo financiero. Aunque al parecer sus proyectos no son tan exitosos como parecían (y vamos a dejarlo ahí que no somos analistas financieros), al menos es justo reconocerle méritos en algunos de los proyectos de I+D desarrollados.

Gowex ha venido apostando por las smart cities (“ciudades inteligentes”), con acceso WIFI libre y mejor acceso a los servicios y transportes públicos. Además, Gowex es el creador de la «Social Wifi” con We2, un proyecto que se lanzó a finales del año pasado en Nueva York. We2 supone un rizar más el rizo del modelo de las redes sociales: conectarse con el entorno que nos rodea. La compañía ofrece conectarte a las redes Wifi disponibles a tu alrededor (tiendas, restaurantes, centros comerciales y otros locales) de forma automática para poder comunicarte con este entorno.

Por otro lado, anunció recientemente una colaboración estratégica con Cisco, que a su vez es el promotor de «The Internet of Everything» (o el menos atractivo «Internet de las Cosas”). Con esta unión ambos pretenden llegar a conseguir la interconexión total de las personas con las ciudades.

La contribución de este tipo de proyectos a las “Smart Cities” es claramente positiva, pues se traduce en eficiencia energética, ahorro de costes, mejora de servicios al ciudadano, más visibilidad para pequeños comerciantes, etc. Sin embargo, hay que pensar que nunca se van a realizar a “coste” cero para el ciudadano. La realidad es que este tipo de servicios tienen como objetivo final personalizar la publicidad por segmento de cliente en tiempo real. Por ejemplo, a la vez que los usuarios de We2 pueden conocer quién está tomando un té en la cafetería de la esquina, empezarán a recibir ofertas y descuentos de teterías cercanas. Y más de lo mismo cuando se registren sus movimientos, hábitos y preferencias por el resto de la ciudad.

Aristóteles ya afirmó que el hombre es un animal social, pero quizás sea conveniente replantearse establecer un límite. Si empezamos a estar conectados a todo lo que nos rodea, ¿cómo vamos a ser capaces de controlar qué información estamos entregando (y a quién)? ¿Cómo vamos a gestionar la seguridad de un sistema tan heterogéneo y con tantos actores involucrados? A mi juicio, a menudo no se acompaña el desarrollo de estas tecnologías con medidas acordes para la privacidad (y seguridad) de los usuarios, sino que es más fácil asumir que nuestro nivel de exposición debe ser cada vez mayor.

Al final y como siempre, nuestra alternativa será decidir «cuánto de social» queremos ser. Nunca estaremos totalmente «a salvo», pero quizá nos mantengamos en los límites de lo razonable.