GOTO VII: privacidad vs. todo lo demás

De vez en cuando surgen noticias -casi siempre, muy sensacionalistas- acerca de nuevas medidas de seguridad que suponen una «importante» violación de nuestra privacidad: desde la videovigilancia en las calles (un lugar especialmente privado por definición :) hasta la necesidad de descalzarnos en los aeropuertos (desde luego, una humillación a la que sólo unos pocos sobreviven). Qué quieren que les diga: frente a los que claman al cielo, yo suelo estar de acuerdo con estas medidas. ¡Toma GOTO! :)

Maticemos en primer lugar el «suelo estar»; mi opinión es que casi cualquier medida que aporte seguridad suele tener inconvenientes de uno u otro tipo, pero si «compensa» (es decir, si el incremento de seguridad efectivo es superior a las molestias causadas por esos inconvenientes) y entra dentro de lo «normal» (de lo razonable, aunque esto suela ser subjetivo), vale la pena implantarla. ¿Qué problema hay entonces? Bajo mi punto de vista, la discusión habría que trasladarla a tres asuntos: el primero, el de la eficacia -no me atrevo a hablar de eficiencia- (si la medida aporta realmente seguridad); el segundo, el del grado de abuso (el mal uso o abuso que se pueda hacer de la información recopilada con fines que nada tienen que ver con su objetivo principal, como espiar a tu pareja, curiosear, molestar al vecino, chantajear…) y, el tercero y último, el de la aceptabilidad, esa normalidad subjetiva a la que hacía referencia.

De esta forma, cuando surge una nueva salvaguarda de esas que son polémicas, debemos plantearnos en primer lugar si la medida es efectiva. ¿Evitan atentados los registros minuciosos en los aeropuertos? ¿Evita la delincuencia una videocámara en las calles? ¿Minimiza el riesgo un perfil psicológico de una persona? Yo creo que muchas de las medidas, por no decir todas, más impopulares de los últimos años (desde la videovigilancia en las calles a temas como ECHELON o CARNIVORE) sí que son relativamente efectivas, nos gusten o no, y por eso se implantan. No nos engañemos: a ningún gobierno, servicio de inteligencia, FFCCSE, etc. a título global les interesan, en general, nuestros correos electrónicos, nuestros paseos por el centro, o nuestras retiradas de efectivo para hacer la compra (eso no implica que a personas individuales, dentro de esas organizaciones, pueda interesarles, como se comenta en el punto siguiente). Así, mi opinión es que si un delincuente puede robar un coche en plena calle, y posteriormente una videocámara ayuda a identificarlo -o incluso antes de que se cometa el delito actúa de forma disuasoria-, bienvenida sea.

A continuación, pensemos en el uso o abuso de la información recopilada con estas técnicas «intrusivas»; por muchas precauciones que se tomen a la hora de elegir al personal, por mucho control interno, por mucha disuasión… no podemos evitar que, en última instancia, una persona con acceso a los registros guardados, pueda hacer un mal uso de ellos; contra esto, sin menoscabo de medidas de prevención y detección, yo creo que lo más efectivo es la respuesta contundente cuando se demuestra un mal uso de la información (este tema daría para un post entero :). Si se demuestra que un administrador de sistemas usa la información de seguridad para publicar debilidades de sus compañeros, que un vigilante de seguridad usa la videocámara de un cajero para controlar a su vecino o que un policía se dedica a espiar a su novia gracias a las cámaras en la calle, deberían ser automáticamente despedidos, para empezar, y establecer un marco legislativo duro que les haga pensarse más de dos veces el mal uso de las medidas de seguridad. Pero al final, una de las máximas de la seguridad, nos dice que tenemos que acabar confiando en alguien o algo -eso es indiscutible- y, sin ese mínimo confiable, todo lo demás se desmorona; por tanto, estamos obligados a confiar -la discusión podría ser «de quién me fío»-. También es importante la capacidad de abuso que tiene la información almacenada: no es lo mismo un video de nuestro paseo dominical, que un historial clínico completo o un perfil comercial realizado ad hoc, y por tanto la forma de acceso a los datos y los tipos de personas que pueden acceder en cada caso a esos registros deben ser diferentes.

Para acabar, el concepto más subjetivo: el de «normalidad» de las medidas, esto es, el del grado de intromisión en nuestra intimidad, el grado de aceptabilidad (muy ligado al grado de abuso al que hemos hecho referencia). Creo que ninguna de las medidas impopulares que saltan a los medios de comunicación es, para mí, especialmente inaceptable; ¿quitarme el cinturón o los zapatos en el aeropuerto? no me parece lo peor que me haya pasado en mi vida, ni de lejos. ¿Que el gobierno espía mi correo electrónico? Lo dudo, pero si lo hicieran, que se diviertan. ¿Que para entrar en Estados Unidos me exigen firmar nosecuántos documentos con pelos y señales de mi vida? Son libres de decidir quién entra en su territorio y cómo, y como a mí nadie me obliga a ir allí, si no estoy de acuerdo con sus medidas me voy de viaje a Salamanca, donde no me piden ningún dato, no violan mi privacidad ni mancillan mi honor y, sobre todo, seguro que es más bonita y tiene mejores tapas que cualquier ciudad de los USA :) Otra cosa sería que, como medida de seguridad, nos obligaran a todos los ciudadanos a presentarnos diariamente en un juzgado: aquí la aceptabilidad -insisto, subjetiva- me parece nula, por lo que una medida de este tipo para mí sería incorrecta (eso sin entrar en temas de eficacia).

En resumen, cuando leamos una noticia sensacionalista, y surjan las voces de siempre clamando por nuestra privacidad a toda costa y la violación de nuestros derechos y blablabla, creo que deberíamos plantearnos en frío, con respecto a la medida que se quiere aplicar, los tres puntos comentados aquí: su eficacia, su grado de abuso y su aceptabilidad -este más sujeto a discusión-. Y fijarnos dónde pone cada uno su nivel de aceptabilidad, que al final, nos guste o no, es el factor que decide en ocasiones la implantación de la salvaguarda en cuestión.

Comments

  1. Buenas, solo comentarte que no estoy para nada de acuerdo con tus ganas de demostrar lo inocente que eres regalando tu privacidad a quien sabe quien. Solo por referencia al tema aeropuerto, te aseguro que yo que trabajo en el de Barcelona puedo llegar a pasar hasta 7 veces un control a lo largo del día. Aparte de ser una tocada de cojones, nadie te asegura que las radiaciones que emiten tanto detectores de metales como lo que están intentando colarnos de los rayos X de cuerpo entero, no sean perjudicales para la salud, sobretodo teniendo en cuenta la cantidad de veces diarias a las que nos vemos sometidos los currantes. Que sí, que en el viaje en avión la radiación es peor y todo eso, si, vale, pero es que nosotros nos quedamos en tierra.

    Y lo mejor de todo, hay quien pasa drogas y nadie se entera, si alguien quisiera pasar explosivos, tampoco se enterarían.

    La seguridad, o mejor dicho la sensación de seguridad, es un NEGOCIO, y si no que se lo digan a Prosegur.

  2. Antonio Villalon says

    Hola pinger!
    Me alegra que no estés de acuerdo; los posts de GOTO son justamente para eso, para discutir :) (por eso nos permitimos exagerar un poco las cosas, para crear polémica).
    Te comento: tienes toda la razón en que una persona que trabaja en el aeropuerto, como tú, esté hasta las narices de pasar estos controles. No me parece razonable que un trabajador sea sometido a estos controles, y personalmente creo que hay formas mucho mejores de evitar que tú, que trabajas allí, pases droga o similar dentro de la zona protegida. Pero esto es un tema de eficacia de la medida, y efectivamente, me parece poco eficaz que el trabajador lo haga; eso sí, no el viajero, al que es mucho más difícil «controlar» en el día a día simplemente porque el traficante, el terrorista, etc. puede ser cualquier persona que en su vida ha pisado el aeropuerto, y que no se puede someter a controles aleatorios como un trabajador, por poner un ejemplo. Por tanto, estoy de acuerdo en que esa medida que yo «justificaba» para los viajeros (no me planteaba el tema empleados) es absurda en el caso de trabajadores que deben pasar por el arco N veces al día -sin entrar en temas de salud, que desconozco, sólo en temas de eficacia-.

    Por supuesto, los controles de seguridad, en este caso de aeropuertos, pueden fallar -a las pruebas me remito-, pero eso no implica, bajo mi punto de vista, que sean controles que no sirven para nada: simplemente son mejorables, como todo en la vida.

    Con respecto a que la seguridad es un negocio, completamente de acuerdo (de ella vivimos muchos); incluso la sensación de seguridad puede llegar a serlo (no voy a criticar a Prosegur -ni a nadie-, no he trabajado con ellos). El problema sucede cuando ese negocio se ejecuta mal, ¿no?

    Saludos
    Toni