Cosas que escucho en el juzgado

Con el presente post nos despedimos hasta el martes próximo; pasen ustedes una feliz Semana Santa y cuidado en la carretera, que no nos sobra ningún lector ;)

Hace ya algún tiempo -bastante- publicamos en Security Art Work una entrada relativa a cosas que escucho en el bus; muchas veces me acuerdo de este post -obviamente porque sigo escuchando cosas interesantes por aquí y por allí- pero hace unos días ya llegué a un extremo que no me había pasado hasta el momento; fue durante un juicio al que acudía como perito. Aparte de lo desagradables que son los juicios, sobre todo los de lo penal y los juzgados de familia, y las horas de espera con poco o nada que hacer hasta que te llaman a declarar -los peritos vamos al final-, siempre me ha llamado la atención la «alegría» con que los abogados dejan a la vista de desconocidos documentación o comentan aspectos del juicio y la estrategia que van a seguir sin ningún pudor, delante de quien sea. Pero este caso ya se llevó la palma; por circunstancias que no vienen al caso, al entrar en el juzgado -que no en el juicio- y comenzar esas apasionantes horas de espera que comentaba, me senté relativamente lejos de nuestro cliente y sus testigos, solo en un banco. Tras unos minutos leyendo el correo electrónico y contestando a algún mail atrasado, llegaron unas personas y se sentaron a mi lado. Por supuesto, enseguida me dí cuenta de que se trataba de la parte contraria, con su abogado a la cabeza, así que no pude por menos que prestar atención a lo que decían :)

Obviamente, su tema de conversación era el juicio al que se enfrentaban, y sin darse cuenta de que estaban ante un desconocido -yo en este caso- comenzaron a hablar de la parte contraria, de la que yo era perito, de su estrategia, de lo malo que era mi cliente y de una serie de temas que afectaban directamente al proceso judicial. Ojo, todos ellos sin excepción: desde el abogado al acusado, pasando por los testigos y amigos, familiares o lo que fueran que le habían acompañado al juzgado…

Que esto lo haga un ciudadano de a pie lo puedo hasta entender; que esto lo haga un abogado, un profesional que debe saber lo que está haciendo y qué se juega por hacerlo, ya es algo que no concibo. Señores, ustedes manejan información confidencial, clasificada, secreta o como le quieran llamar. Empezando por datos de carácter personal y acabando por información más que sensible -estrategias de defensa o acusación, datos de otros casos…- e incluyendo además comentarios del tipo «pues este juez es muy malo» o similares. Además, ustedes están trabajando con personas que se juegan mucho dinero, penas de cárcel o simplemente su honor y eso debe ser motivo más que suficiente para no «publicar» cierta información alegremente. No pueden dejar a la vista esas enormes carpetas de documentación en cuya portada se puede leer quién demanda a quién y por qué; no pueden hablar con total tranquilidad de ciertos aspectos de un juicio delante de perfectos desconocidos; cuando hablan por el teléfono móvil no tiene por qué enterarse toda la planta, y mil cosas más. En definitiva, no se trata de aplicar unas medidas de seguridad militar para ciertos casos -para otros, como terrorismo o narcotráfico espero que sí-, sino simplemente de utilizar la lógica y pensar que el resto del mundo tiene ojos y oidos, y nuestra conversación puede interesarles muchísimo.

Muchas veces, al hablar de protección de la información nos perdemos en macroprocedimientos, modelos de clasificación y marcado, auditorías de cumplimiento… y no nos damos cuenta de que situaciones como las comentadas son un claro peligro cotidiano de fuga de información; sin DLP, sin escuchas ilegales, sin intervención de las comunicaciones… sin nada más que un poco de atención. Si algún abogado nos lee, que espero que sí, por favor, remita esta entrada a alguno de sus colegas :) Quizás esto pasa en otros colectivos -miedo me da pensar en las conversaciones de médicos en la cafetería de un hospital-, pero afortunadamente piso más los juzgados que los hospitales -y créanme que ningún juicio es agradable, pero menos lo suele ser la visita al hospital- y en el caso de los abogados clama al cielo poder oir ciertas conversaciones.

Para finalizar, decir que antes de escuchar cualquier cosa -más- que no quería oir me levanté de mi sitio y me fui a tomar un café a la cafetería del juzgado. Otro gran sitio donde la confidencialidad de la información brilla por su ausencia y que, cuando tenga un rato, será motivo para otra entrada en este blog.

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