La semana pasada Hace unos días, a raíz del ya archiconocido Informe de Mandiant “APT1”, publicamos una pequeña entrada en la que hacíamos algunas valoraciones sobre los supuestos ataques chinos a distintas organizaciones públicas y privadas, y aprovechamos para hacer público un conjunto de reglas de Snort que podían ser utilizadas para detectar, siempre a partir de la información del informe Mandiant, si una organización había sido infectada. Evidentemente, si se recibe una alerta debería despertar ciertas sospechas, pero no recibir ninguna no debería hacer a nadie suponer que no está infectado; los recursos utilizados para la infección son sin duda alguna muy dinámicos y tras el informe muchos de ellos pueden haber sido sustituidos o eliminados.
Pero no es esto de lo que quería hablar. Lo cierto es que escribí el post con cierta urgencia, debido a que queríamos publicar las reglas ese mismo día, y no me detuve a reflexionar sobre la complejidad del ataque chino, sus implicaciones, orígenes y especificidades. Por ello, me sorprendió que ninguno de nuestros lectores (usted mismo) apuntase a algunos errores de planteamiento evidentes que había en la entrada y que pensé un rato después, pero que me resistí a corregir. Decía en la entrada que:
La cuestión aquí es, como apuntan de manera certera en el blog de Securosis, que la diferencia no radica en que China tenga un programa de espionaje cibernético, sino que tanto sus objetivos como beneficiarios son tanto el ámbito público como el privado. Desde un punto de vista económico tiene bastante sentido. En una economía en gran parte intervenida y dirigida estatalmente como la china, parece normal que las “iniciativas” gubernamentales de este tipo reviertan en ámbitos económicos que no dejan, en muchos casos y al menos de manera parcial, de ser también estatales. Al final, como suele decirse, todo queda en casa.
El hecho es que no se trata de ciberespionaje en el sentido en el que estamos acostumbrados a pensar en espionaje. Esto es “otra cosa” y la razón por la que mucha gente debería empezar a estar preocupada. No es espionaje “clásico” ni es espionaje industrial. No hay nadie a quien llevar a juicio o frente a la OMC. No es una acción criminal tal y como la entendemos. Porque es algo más que “simple” información militar o tecnológica lo que está en juego; es todo el modelo económico y social occidental. Dicen que China es un gigante que está despertando, pero a la vista de este tipo de informes, quizá sean las potencias occidentales las que están durmiendo.
Un último apunte. Es cierto que existe algo llamado Echelon y que de vez en cuando ésta o aquella potencia se embarcan en actividades sospechosas (espionaje industrial o sobornos, entre otras) a través de las que intentan favorecer a sus empresas nacionales en contratos millonarios (véase, por ejemplo, los casos Boeing vs. Airbus), pero cabe pensar que el volumen y dimensión de estas malas prácticas no es, ni de lejos, el mismo que el chino (aunque eso es algo que en realidad ignoramos). No existe, que sepamos, nada parecido a un programa de robo de propiedad intelectual e industrial que sea coordinado y dirigido por los propios Estados sino que ese tipo de prácticas quedan en el ámbito privado, quien a su vez está sujeto a las leyes y legislaciones de tales Estados.
Éste es un planteamiento poco desarrollado y algo simplista que sin duda da para mucho más, pero las acciones recogidas en el informe Mandiant no son acciones de espionaje ni robo de información. Son acciones de naturaleza política que forman parte de una estrategia mucho más amplia de carácter geopolítico. Decía Carl Von Clausewitz que la guerra es la continuación de la política por otros medios. La versión actualizada del siglo XXI es evidente: la ciberguerra no es otra cosa que una herramienta más de la política, con la diferencia de que aunque la guerra es jurídicamente ilegal, no existe tal consideración para la ciberguerra.
Resumiendo. Esto ya no es informática. Es política. Mientras sigamos “jugando” a los hackers.

Hace ya unos meses Marcos publicaba una entrada, sobre