Imaginemos (sólo imaginemos, por favor) una situación extrema en la que la vida en la ciudad sea muy complicada. Desde una guerra hasta una falta de suministros básicos (y por básicos no hablamos de Internet) continuada en el tiempo. En este caso, algunos trataríamos de llegar a pueblos que conocemos y en los que los recursos naturales son mayores. Si consigo llegar a mi pueblo, tendré al menos agua potable, fuego, posibilidad de cazar (aunque no sepa hacerlo), recolectar frutos o encontrar setas comestibles. Posibilidades de sobrevivir. No parece gran cosa, pero desde luego mucho mejor de lo que sería la vida en esas circunstancias dentro de una gran ciudad. O eso creo, aunque espero no tener que comprobarlo.
Llevando esta situación al extremo, encontramos el bushcraft, entendido como la práctica de habilidades y conocimiento para sobrevivir y prosperar en el medio natural. Existen diferencias entre el bushcraft y la supervivencia pura; esta última suele estar acotada en el tiempo y viene impuesta, mientras que el objetivo del bushcraft es una estancia prolongada en la naturaleza, habitualmente de forma voluntaria. No obstante, cuando hablamos de una situación extrema imaginaria como a la que hacíamos referencia al principio de este post, planteada seguramente sería difícil diferenciar dónde empieza el bushcraft y acaba la supervivencia pura: es una situación impuesta, sí, pero seguramente a medio o largo plazo, en la que no únicamente buscaríamos sobrevivir unos días…
Discusiones filosóficas entre bushcraft y supervivencia aparte, más allá del idealismo de poder vivir en el medio natural y valerse por uno mismo, parece que últimamente aumenta el miedo a que una situación como la imaginada pueda darse en la realidad. Y factores como pandemias, apagones, catástrofes naturales, polarización política… ayudan a incrementar este miedo, con o sin razón. Aquí entran los preppers, los preparacionistas, personas que se preparan activamente para esta situación extrema almacenando herramientas y alimentos o diseñando planes de supervivencia.
Hay muchos manuales de supervivencia y bushcraft, y mucho material técnico: cuchillos, hachas, mochilas… pero en ninguno de estos libros, ni entre los materiales habituales de bushcraft o supervivencia, se habla de una supervivencia, o de un bushcraft, digital. Evidentemente, si la situación es de lucha por tu vida y de supervivencia en la montaña, a pocos nos preocupará un fichero PDF, un pendrive o una foto digital de nuestras últimas vacaciones. Pero ¿y si nuestra supervivencia no es en ese medio, sino en un medio urbano, tecnológico, avanzado… de otro país? ¿Cómo sería un preparacionista digital?
Volvamos a la situación imaginaria de partida, a ese extremo que hace que tengamos que cambiar radicalmente de vida. Pero en lugar de echarnos al monte, tenemos la suerte -o no- de meternos en un avión con lo puesto e irnos a una ciudad otro país de Europa. O de Norteamérica. O de LATAM. O de… vamos, a una ciudad de un país que no haya sido afectado por esa situación extrema y que siga su vida habitual en el primer mundo. Si fuera así, no serviría de nada disponer de un cuchillo de supervivencia o saber hacer fuego con un pedernal, pero sí que podría sernos útil información en formato digital. ¿Qué meteríamos en ese repositorio de supervivencia, o de bushcraft, digital, en ese “por si acaso”? Ojo, no digo que sea útil en la práctica, digo que podría serlo hipotéticamente… y que molestar, no molesta.
Dándole una vuelta a la situación, hay varias categorías de información digital potencialmente necesaria en esta situación. Antes de hablar de cada una de ellas, es necesario destacar que todo lo expuesto aplicaría no sólo a mí mismo, sino también a mi familia. Todos estos documentos los incluiría en el repositorio de supervivencia.
La primera categoría para incluir en ese repositorio es la más básica, la que me puede ayudar a decir quién soy, sirva luego o no. Así, lo primero que se me ocurre es digitalizar mi documentación de identidad. Mi pasaporte, en primer lugar, y mi DNI y permiso de conducir en segundo. Más allá de validez legal, que seguramente no la tiene, es lo único que tengo o puedo tener para demostrar que yo soy quien digo ser y no otra persona… ¿o no?
Una segunda categoría sería la que me permite algo más que identificarme, y es empezar a sobrevivir. Aquí identifico las cuentas bancarias y tarjetas asociadas, para poder disponer de dinero de alguna forma. También entrarían en esta categoría una copia del CV y los títulos académicos. Puede parecer una tontería, o ni siquiera estar convalidados, pero si tenemos que buscar trabajo, estos títulos pueden convertirse en la base de todo. ¿Quién o qué le dice a una persona de un país que soy ingeniero informático y no soy electricista, astronauta o taxidermista? Además, estos títulos tienen un número de registro único que, en algún momento, tras superar la situación extrema (si se supera) pueden sernos útiles para recuperar el título real. ¿O alguien se acuerda de memoria del número de registro o código de centro de su título? Ah, y por qué no, los ficheros de contraseñas: ese archivo cifrado, desde un KDBX a un PGP, con nuestras claves: correo, banca online, comercio… en fin, a los recursos que usamos en nuestro día a día.
Por último, la tercera categoría de documentación a digitalizar sería la que puede sernos útil a la vuelta, si la hay, a nuestras casas. Toda la anterior, por supuesto, pero también los títulos de propiedad, las escrituras de nuestra vivienda, el permiso de circulación o la ficha técnica de nuestro vehículo, entre otros. Sí, aquello que puede demostrar que algo de cierto valor nos pertenece. Si vuelvo a mi país, ¿quién demuestra que mi piso o mi coche son míos?
¿Dónde estaría el repositorio de supervivencia digital? Podría ser un pendrive o un disco USB con todos los archivos. O un repositorio en la nube, accesible desde cualquier lugar del mundo. O nuestro móvil, que a fin de cuentas es lo primero que cogeríamos si salimos corriendo de casa. O, mejor aún, en todos estos sitios. Cada uno tiene ventajas e inconvenientes. Un pendrive es privado, pero no deja de ser un dispositivo físico que tengo que intentar recuperar en un momento crítico en el que quizás mi cabeza está en otro sitio. Algo parecido sucede con el teléfono móvil, pero aquí tenemos unas ventajas sobre el pendrive: el móvil lo llevamos siempre con nosotros (ese pendrive o disco externo no) y además parte de nuestro repositorio de supervivencia está ya en el móvil, como son las tarjetas o alguna documentación identificativa. Por el contrario, si el móvil está descargado o bloqueado, no sirve de nada. Por último, la alternativa cloud es muy interesante desde el punto de vista de accesibilidad (¡ojo al 2FA si no tenemos móvil!), pero tiene el problema habitual de la nube: es el ordenador de otra persona, en el que nos puede dar reparo dejar documentación tan sensible… ¿no? Aquí, recordemos que esta información puede ir cifrada.
Antes de finalizar, unos comentarios: el primero, que esto surge de una situación extrema que ojalá no se produzca nunca, y que “irse” a otro país no es tan fácil. Sin ir más lejos, tenemos Estados Unidos y sus requisitos de acceso. El segundo, que se trata de meras ideas, no de una relación exhaustiva (seguro que con aportaciones de todos podemos mejorar el contenido de nuestro repositorio de supervivencia). Y el tercero, que no entramos en la validez legal de cada documento o su copia digitalizada. Sé que si llegas a Estados Unidos con un pasaporte en PDF o un título de ingeniero escaneado no te va a servir para que automáticamente todos te crean… pero daño no creo que haga. Simplemente se plantean ideas como base para poder empezar a hablar, aunque sea con un fichero PDF. Ah, y, por último: recuerda que este repositorio hay que mantenerlo actualizado, ya que algunos de los documentos caducan, o nuestras vidas cambian (nuevo vehículo, título adicional, etc.).
A modo de ficha resumen del repositorio de supervivencia:
- Ubicación: móvil, nube o pendrive. O todos.
- Contenido:
- Prioridad 1: pasaporte, DNI, permiso de conducir.
- Prioridad 2: CV, títulos académicos, cuentas bancarias, tarjetas, ficheros de contraseñas.
- Prioridad 3: escrituras vivienda, títulos de propiedad, permiso de circulación, tarjeta vehículo…

Speak Your Mind