Ahora que está tan de moda la Responsabilidad Corporativa y el Buen Gobierno (ver la reciente entrada de José Rosell), parece que los eventos que estamos viviendo a nivel mundial se empeñan en demostrarnos que éstas brillan por su ausencia, o que al menos se están entendiendo más como una moda o una cuestión de imagen de cara a la galería, que como un compromiso real. Sólo así se entienden hechos como el desplome financiero de grandes (y hasta hace poco, reputadísimas) entidades financieras que han incurrido en situaciones de riesgo operacional tan irracionales como irresponsables, o problemas como los que está sufriendo Islandia. Estos acontecimientos hacen cada vez más patente la necesidad de supervisión y control interno real en las organizaciones, y remarcan la necesidad (y al mismo tiempo, su insuficiencia) de la existencia de leyes como la SOX; evidentemente mejorables, pero imprescindibles.
Aunque también habría que implantar controles relacionados con la Responsabilidad Moral o Ética para algunas de estas empresas y sus directivos, pero para esto, así a bote pronto, me cuesta más plantearme el diseño de los controles. Discúlpenme, pero necesitaba desahogarme.

Con independencia de que la versión que se ha dado de lo ocurrido me resulta realmente difícil de creer (es decir, que una sola persona sea capaz, sin que nadie se entere, de cometer un fraude por una cantidad equivalente al 80% de los beneficios obtenidos por el BBVA el pasado ejercicio), este hecho nos pone delante de las narices la necesidad del control interno y la oportunidad de la implantación de normas equivalentes a la SOX (
Reconozco que soy “de la vieja escuela”, que me gusta “tocar papel” cuando tengo que revisar un informe o leer un documento mínimamente extenso (y tengo que reconocer que esto me provoca un conflicto con mi conciencia medioambiental, pero eso es otro tema…). Ese gusto por el papel hace que periódicamente siguiendo la política de mesas limpias implantada en mi organización tenga que hacer limpieza, y destruir adecuadamente la documentación obsoleta.