De sobra es conocido que la mejora de la seguridad de las organizaciones, tanto cuando hablamos de la información como de los propios medios físicos, no depende “solo” de la implantación de medidas técnicas de seguridad o la definición de procedimientos; es fundamental la implicación de las personas. No se repite suficiente que el factor humano en un pilar fundamental en la seguridad.
Este hecho no pasa desapercibido para los ciberdelincuentes que aprovechan descuidos, prácticas inseguras de comportamiento y en general falta de formación en materia de seguridad por parte de los empleados para poner en riesgo la seguridad de la organización. Muy bien, pero, ¿se puede culpar al empleado, el usuario final, de esta situación?

Una de las mejores definiciones que he leído de Seguridad es aquella que dice que la Seguridad es una sensación. Las personas tenemos la sensación de estar seguras o inseguras en base percepciones, estímulos que recibimos del entorno y que nos hacen sentirnos de esa manera.
Hace unos días en la comunidad en la que vivo se llevo a cabo una medida que me llamo mucho la atención y que me hizo reflexionar: se reordenaron los buzones de los vecinos del portal.